Noticias y Actividades  TerrAire

<< volver a noticias

 

El Yelmo. 2005

 

Festival Internacional del Aire.

>> Crónica por...Adolfo Silva.

El festival internacional del aire (FIA) de El Yelmo es una fiesta parecida a una concentración de motos, supongo, pero sustituyendo el ruido y la gasolina por el silencio y el aire.Vuelo1.jpg (51282 bytes)

Justo delante de la Sierra de Segura, en el valle donde el río Hornos se encauza hasta el pantano de El Tranco, al este de la provincia de Jaén, es donde se celebra anualmente este festival donde desde la compra del más variado material para el vuelo, pasando por la exhibición de películas de cine relacionadas con el mismo tema, dentro del recinto ferial, hasta la más acrobática demostración con el planeador, se puede uno encontrar sin dejar de practicar el vuelo y la charla con los amigos. Este año se celebró desde el jueves, 7 de julio, hasta el domingo, 10.

 Nosotros, los del club, llegamos el viernes por la tarde, con las prisas para subir al despegue y poder volar. Sólo Víctor se quedó en el aterrizaje. No trajo su equipo de vuelo y prefirió disfrutar el festival con los pies en el suelo; luego, en el despegue, pudimosDespegue1.jpg (49757 bytes) comprobar que esa misma sensación de prudencia te invade, ante la perspectiva de un despegue concurrido y un vuelo "denso". A pesar de que los remontes estaban difíciles, lo que provocaba discusiones entre los pilotos (pues se averió uno de los autobuses que hacían la ruta), mal atendidos por la organización y tras una espera de una hora aproximadamente, subimos, Vicente y Yolanda con su vela biplaza, Salva con su Tónic y yo, junto con otros chavales de Madrid en un todo terreno con un carrito, que remolcaba los equipos sin dificultad, cubriéndolos totalmente con el polvo de la pista. El cabreo se iba diluyendo a medida que ascendíamos; más de media hora de subida dan a luz un horizonte infinito, a derecha, izquierda, delante y detrás del pico Yelmo, con sus más de 1800 metros de altitud. 

El despegue es impresionante, en dimensiones, claro está y más aun lo es cuando en él te encuentras a varios cientos de personas, mirando con curiosidad, unas, y despegando (o tratando de despegar; arrastrones incluidos) otras. Lleno de colorido por las velas extendidas y por extender, el paisaje se completa con el lejano e imposible (en apariencia) aterrizaje, la indeseable línea "de alta" a la derecha, los pinares de la ladera, los olivares del valle y el pantano azul claro al fondo, a modo de colofón.

Despegue3.jpg (42731 bytes)

Despegue2.jpg (43013 bytes)

Despegue4.jpg (43409 bytes)

 

Recorriéndolo de derecha a izquierda, mientras medíamos nuestras ganas con el anemómetro, veíamos despegar a los pilotos de prapente y ala delta observando su técnica y charlando con los que se prestaban, esperando nuestro momento. Un montón de iniciados e iniciadas, agitados, esperaba su oportunidad para bautizarse en los biplaza, que tenían preferencia en el despegue sobre cualquier otra aeronave. El resto de compañeros no lo tuvo claro. Mientras Vicente y Yolanda se lo replanteaban ante los revolcones de muchos, Salva ya lo tenía decidido, con tanta muchedumbre a la que no estaba acostumbrado. La velocidad del aire, con picos de veinticinco Km/h cuando yo salí, era la propia. Y les dejé en la ladera, disfrutando del azote invisible en la cara con el paisaje difícil en que todos parecía flotar ahí delante.

Despegue5.jpg (43040 bytes)

Vuelo2.jpg (41496 bytes)

Vuelo3.jpg (43412 bytes)

Desde allí, se veía prácticamente todo y claro que no hacía falta volar para disfrutar de esa perspectiva, según le dije a la periodista del Canal Sur cuando me preguntaba, allí mismo, cogiéndome desprevenido antes del tirón, la razón del vuelo en un finde como ese, mientras el de la cámara me "enchufaba" el trozo de cara que mi casco dejaba al descubierto. Las noticias del deporte al día siguiente, darían efectiva cuenta del evento, tal y como la entrevistadora me había advertido. Por lo visto, sacaron imágenes muy bonitas, según nos contaron luego.
Una vez en el aire, la estabilidad era total y el espacio entre los que volaban suficiente para olvidarse de maniobras para esquivar al resto. Habría disfrutado de un vuelo largo si no llega a ser porque el sol se empeñaba en ocultarse justo enfrente, así que acorté mi marcha y empujé el pedal del acelerador hasta el fondo para llegar antes de no ver nada. 

El tiempo que tardé hasta ponerme en la vertical del aterrizaje, donde pude comprobar el tráfico denso hasta dar con los pies en el suelo y mientras metía orejas para aumentar la tasa de caída (la restitución era tan buena que no había manera de bajar), saqué la cámara para fotografiar El Tranco, donde daban ganas de aterrizar para un baño reponedor, y el aterrizaje oficial (el recinto ferial), con las luces encendidas y las velas haciendo maniobras de aproximación. Víctor me ayudó a plegar la vela y, tras reunirnos con el resto, vino la cena y el espectáculo del cine, con varias películas, chulísimas, de vuelo, con ultraligero y parapente y de paracaidismo de una precisión increíble en zonas de los Alpes.

A la mañana siguiente el divertimento estuvo en la feria donde, salvando el desliz del cobro de entrada a los pilotos, auténticos valedores del evento, a quienes se les devolvería el dinero más tarde, el espectáculo, con el colorido material de vuelo, las gafas de sol para Salva, licras para Robert y camisetitas de tirantes con motivos de vuelo para la "operación peluca" que Víctor estaba gestando, estaba servido. Todos compraban algo en los llamativos stands de las marcas más conocidas. Ahí, en las fotos vemos algunos de ellos bien concurridos con nuestros socios "arañando". Era una buena ocasión para proveerse de lo necesario evitando costes de envío y aprovechando precios algo mejores. Los expositores, llaman la atención y se promocionan llevando, incluso, coches como el Hummer que aparece detrás del desconocido de la foto.

Luego vino la exhibición de paracaidismo del ejército con unas ruidosas pasadas del pesado avión militar a ras del chambao de la feria, seguido de las piruetas de una avioneta de acrobacias que hacía lo que le venía en gana hasta que se le agotó el combustible y alabeando levemente, nos dijo adiós. Así quedaron Vicente y Víctor después de la exhibición.


Con la expectación puesta en el vuelo de la tarde, mirábamos la evolución de los pilotos con los "pepinazos" del vuelo de las dos. Mientras comíamos, Ramón (del Club Extremadura), de Cáceres, giraba encima de nuestras cabezas hasta ganar los tres mil metros, respirando el fresquito que nosotros no teníamos. Pero la previsión que habíamos visto en internet, se hizo realidad y el aire giró de norte y luego de este hasta que a las siete de la tarde se puso "de atrás" para dejarnos en el despegue con la boca abierta y la moral por los suelos. Dos horas tuvimos que esperar, gracias a la mala organización, hasta que los autobuses volvieran a subir mientras nos dábamos la oportunidad de conocer otras zonas de vuelo en conversación con el resto de pilotos que también esperaban, invitándonos mutuamente a conocerlas en el futuro.

La cena y el cine estuvieron servidos a la vez, como en el día de antes y nos curaron el mal golpe de aire, que se suavizó, un poco más, en el baile, que duró hasta "las tantas". La vuelta a nuestros destinos fue rápida, pero nos dio tiempo a plantearnos, por la saturación, si volveríamos el año que viene, con toda esa aglomeración esperando. Imagino que sí, que volveremos, pero será un fin de semana normal; el Yelmo merece la pena y la zona, parque natural, tiene un interés evidente enorme, no sólo para los amantes del vuelo.

<<Volver al principio.