Sección Montañismo y escalada / Orientación
 

   
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 Rutas "Sección Montañismo y escalada / Orientación"

 

Pinturas de la Rinconá. 9 Septiembre 2006     (La Vara Partía)


 

Siguiendo en nuestro afán de conocer y disfrutar de nuestro entorno natural paisajístico, decidimos hacer una segunda ruta, esta vez por nuestra querida "Sierra de la Rinconá" que tantos secretos, algunos aún intactos y otros muchos ya conocidos, nos reserva en sus “abrigos”.

 

 

 A la expedición, a parte los habituales, Ángel, Mariano, Manoli y Mari Mar , se nos unieron en esta ocasión dos chicas llegadas de Almansa; Lorena (natural de nuestra localidad)  e Inma   que quedó tan sorprendida de nuestra gran riqueza ecológica, que prometió volver en próximas ocasiones para seguir visitando los alrededores de la población. Ambas venían acompañadas de sus correspondientes mascotas, Cleo y Rey, que nos amenizaron el recorrido con sus alegres saltos y cabriolas de un sitio a otro.

Provistos de algunas viandas y de los enseres pertinentes para la ocasión, prismáticos, cámaras de fotos, la imprescindible “vara partía” de Mariano... y bajo un cielo gris que amenazaba tormenta, nos dirigimos con el coche hasta el punto de partida, la antigua carretera de Almorchón, desde dónde comenzamos la subida hacía el cortafuegos por un camino de numerosas piedras, las cuales nos harían las veces de dura alfombra, por aquella ancha vereda, que con una suave pendiente nos dejó justo en el Puesto nº 9 de caza que queda a la derecha. Este puesto es el indicador de un nuevo atajo, en el que a los pocos metros, entre las jaras, descubrimos un pequeño nido de “petirrojo” o “tontón de pescuezo colorao”, según denominó Mariano.

 

Nuestros “saltarines” compañeros  jugueteaban ya sobre las primeras rocas, mientras nosotros volviendo atrás la vista, contemplábamos y dibujábamos en nuestras mentes el camino ya recorrido.

Comenzamos  el ascenso por las  resecas Piedras,  castigadas por el duro sol del verano y faltas del imprescindible líquido elemento, que ya las nubes venían destilando por el Cerro Masatrigo y el Castillo de Puebla.

Y así, acariciando una roca tras otra, llegamos a una bajada, dónde algunos tuvimos que asirnos al fuerte brazo de Mariano para sortear la pequeña dificultad que ese tramo conlleva, por allí bajamos hasta llegar a lo que es un magnífico y gigantesco “balcón” a la Serena, dónde descansan al abrigo de los tiempos las ansiadas Pinturas Rupestres.

 

Dirigidos por Ángel , que en todo momento nos iba explicando el recorrido, descubrimos admirados los rojos trazos milenarios en las piedras, que con más o menos claridad, representaban diferentes formas, a las que cada uno íbamos dando parecido, nombre o semejanza, imaginación en ristre.

     
     

Después de numerosas fotos explorando las rocas y comentando el estupendo entorno que nos rodeaba, visitamos un poco más allá, en un saliente de la roca y separado por un estrecho precipicio, un colosal nido de águila, que abandonado desde hace tiempo por sus inquilinos, se columpia casi en el vacío desafiando la gravedad.

Un sitio fantástico para habitar a vista de pájaro dominando la vasta Serena, que allá abajo cálida y tranquila iba oscureciendo sus tonalidades ocres y doradas con la oscuridad que por las horas y la meteorología se iba discerniendo sobre ella.

Y allí disfrutando de estas maravillosas vistas repusimos fuerzas, con unas cuantas frutas frescas y un poco de agua, y nos pusimos en marcha  para comenzar nuestro retorno a la “civilización”, no sin sentir pena de abandonar aquel paraje que tanto nos había hecho disfrutar  aquella tarde, de esa sensación  plena de libertad y de paz, que sólo el contacto con la naturaleza nos aporta. 

Regresamos al coche entre el ruido de algunos truenos  y la visión de varios relámpagos, que inútilmente intentamos captar con la cámara,  sin que la lluvia hubiera hecho acto de presencia.

 

Fue una tarde especial, de las  muchas que nos quedan por descubrir y que esperamos que os animéis a compartir con nosotros, aunque sólo sea desde estas páginas.