Sección Montañismo y escalada / Orientación
 

   
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 Rutas "Sección Montañismo y escalada / Orientación"

 

Viaje a los Pirineos. 30 Junio - 8 Julio 2007     (Manu)


IMPRESIONES DE UN CAMINANTE

    Nuestra andadura comienza en una gasolinera de Guadalajara, allí me reúno con un grupo de compañeros de los cuales no sabía absolutamente nada, salvo de Barkero y Cesar, con los cuales tendría que compartir experiencias y aventuras. Para empezar a conocerlos se viene en mi coche Mariano un tipo fuerte, con cara de buena gente y que resultaría ser un compañero de marcha increíble. Llegamos los primeros a Benasque a eso de las 14:20, antes que nuestros compañeros que hicieron un alto en el camino; ya desde el pueblo, nos hacíamos una idea de los paisajes tan maravillosos que nos esperaban, altas montañas, prados verdes, y sobre todo mucha agua. Cuando estuvimos todos juntos iniciamos la marcha hacia nuestra primera parada, el hospital de Benasque, un prado a especie de parking donde pudimos dejar aparcados los vehículos, allí me lleve mi primera sorpresa cuando vi como pasábamos de senderistas de montaña a domingueros en un segundo, lo mismo que tardó Mary  en montar un mantel y sacar toda clase de “viandas” con las que, supuestamente, haríamos mejor el camino. Esta circunstancia de cambio brusco de personalidad se dio bastante a menudo y no siempre incitada por Mary dicha sea la verdad. Una vez terminada la comida y tras el primer acto vandálico de Mamen, tirar un kilo de pasta en el césped que Mariano tuvo que tapar con una piedra, continuamos el camino hacia la segunda parada del día, un lugar llamado la Besurta a la cual nos acercó un viejo autobús en unos 15 minutos en los que no parábamos de admirar el paisaje por las ventanillas.

   Desde la Besurta situada a unos 1920 metros teníamos que subir hasta el primer refugio llamado La Renclusa situado a 2140, en un kilómetro en línea recta 100 metros de desnivel, que según las indicaciones sería un paseo de 40 minutos solamente, pero que serviría para darnos cuenta de que el grupo no andaba sobrado de fuerzas que digamos, salvo excepciones. La marcha la inició Mariano siempre dispuesto a ir en cabeza y Chuti que no le iba a la zaga, tras ellos empezaron Cesar, Lorena y Mamen, Barkero, Carlos, Mary y yo cerrando el grupo, en parte debido al peso de un “neceser” rojo que me encasquetaron como si fuera la pardillada de la “vara partía” que así se hacía llamar este grupo de personajes tan dispar. Al poco de empezar, ya nos dimos cuenta de que tardaríamos más de 40 minutos en subir, porque a los 10 minutos ya estábamos parando para echar toda clase de fotos; al paisaje, a los compis, al francés que baja, a todo el mundo…. Tras reiniciar la marcha ya se podía ver que Mariano y Chuti iban sobraos, Carlos a pesar de tener la rodilla mal, marchaba a buen ritmo, Cesar, Barkero y yo íbamos bien, Mary tenía algún problemilla con la colocación de la mochila que arregló y empezó a ir mucho mejor, cosa que se notaba en como abrazaba a los árboles (curiosa afición), y Lorena y Mamen venían más justas y había que parar de vez en cuando para que recuperaran el aire, momento que Mamen aprovechaba para tirarse al suelo casi desplomándose.

   Pero ahí estaba Mariano!!! Subió al refugio y bajó para cargar con mochilas y que fuésemos todos mas ligeros, aunque mi neceser pesaba cada vez más. Tras estos avatares y por un camino con los primeros paisajes que nos impresionaron, llegamos al refugio de la Renclusa, donde nos dio tiempo a que Mariano se duchara con agua caliente y todos los demás con un hilo de agua fría, para luego bajar a cenar a las 7 de la tarde!!! Una hora poco habitual para el grupo, mas acostumbrado a los horarios del sur. En la cena nos recibió la “capataza” una chica con un humor que no acabó de convencer a todos y que nos instruyó en la convivencia de refugios, ya que parecía que habíamos ido a un hotel de vacaciones, pero ella nos hizo ver que no era así. Después de cenar una sopa, unos macarrones con más orégano que macarrones y un trozo de beicon que solo vio Mary, unas salchichas y de postre unas natillas a las que más de uno y una quería echarle canela de más… y tras charlar un rato comentando el viaje, la subida, le preguntamos a un chico del refugio que ruta podíamos hacer al día siguiente, teniendo en cuenta nuestra forma física que algunos quisieron echar por tierra totalmente diciendo que lo más que habíamos echo era subir al calvario. Nos fuimos a dormir a una hora aún menos común que la de la cena, eran las 10 DE LA NOCHE ni las gallinas se acuestan tan pronto. Después de hacer mucho ruido con los sacos, subiendo a las literas, moviéndonos  de un lado a otro, y llenando la habitación de un olor que acabaría por convertirse en familiar de un repelente llamado Autan, nos dispusimos a dormir entre los ronquidos de los inquilinos de enfrente y el murmullo de Mary que era la que menos sueño solía tener y la última en callarse y la primera en empezar a hablar aunque algunos dijeran que era yo; cosa totalmente FALSA.

   La primera noche fue extraña, primero por la hora de acostarse, y segundo porque entre los ronquidos de la gente y el movimiento de gente con luces en la cabeza no hubo quien pegara ojo, pero si la hora de acostarse era extraña para nosotros no lo era menos la de levantarse, las 5 de la mañana!!! Nosotros nos hicimos los remolones pero a las 6 ya estábamos en pie.

   De este primer día todos sacamos la conclusión de que al siguiente refugio iríamos menos cargados,  porque la subida había sido bastante frustrante, en parte por el peso de las mochilas, llenas de comida, demasiada ropa y algún lujillo estilo aceite Johnson, proteínas, etc.…  que igual podía sobrar, digo yo.

   Este segundo día después de un buen desayuno en el que, como no, la capataza nos llamo la atención, decidimos hacer una ruta sencilla la cual nos aconsejó el chico del refugio. Se trataba de una ruta circular en la que tendríamos que ir del refugio al pico Paderna pasando por un lago (ibón) y vuelta al refugio por detrás del pico tras supuestamente encontrar una cabaña y un pino enorme con dos zarpazos de oso. A eso de las 8 iniciamos la marcha, como siempre Mariano y Chuti marcaban un ritmo bastante fuerte, enseguida el camino comenzaba a remontar un pequeño arroyo que salía entre las piedras por cualquier sitio, tras pararnos para tomar las fotografías de rigor, continuamos siguiendo el curso del arroyo hasta llegar al ibón de la Renclusa, desde donde fuimos siguiendo los hitos de piedra que nos marcaban el camino hacia el collado de Paderna, en poco más de 15 minutos nos situamos en la falda del pico y comenzamos a subir al collado por una pendiente bastante dura que a más de uno se le hizo interminable, y que realizamos llevándonos algún sustillo entre resbalones y bloqueos como el de Chuti que por un momento no sabía si “palante” o “patrás” pero que consiguió solventar con las indicaciones de todos. Una vez en el collado nos detuvimos a contemplar los paisajes que nos rodeaban, con valles y montañas increíbles, desde allí decidimos subir al pico de Paderna ya que era un pequeño paseo en el que todos hicimos cumbre en el primer pico de los Pirineos de 2622 metros. Tras la foto de cumbre y un rato de mucho aire iniciamos el descenso hacia un nevero en el que aprovechamos para tocar el hielo a día 1 de julio, algo diferente a lo que estamos acostumbrados. Después continuamos nuestro camino hacia el bosque de Paderna donde nos esperaba la cabaña con los zarpazos de oso. Tras un rato de pateada fuimos a hallar la cabaña y 1ª decepción cuando vimos que se trataba de ocho o diez palos colocados de manera que pareciese un techado, y tras eso la 2ª decepción cuando no fuimos capaces de ver los dos zarpazos de oso, aunque Mary creía verlos en un árbol, aunque más bien parecían arañazos de gato.

   Tras las decepciones decidimos hacer una parada para comer y descansar un poco, pasando de senderista a domingueros. Tras el merecido tentempié, sin apenas descansar, debido a la alergia a la siesta que parece tener la vara partía, reanudamos el camino dirigiéndonos hacia una parte de media montaña por la que parecía discurrir algún tipo de sendero que sólo Mariano alcanzaba a reconocer. En este tramo Barke tuvo la suerte de ver un ciervo y Chuti algo que el dijo ser un “gato grande”. Este tramo se hizo pesado al no haber vereda y estar saltando como las cabras por encima de troncos y piedras, todos nos alegramos al divisar el refugio sabiendo que en poco tiempo podríamos descansar los pies y darnos una ducha. A eso de las 14 horas estábamos en el refugio, en un principio contentos por todo lo que habíamos visto pero que se desvaneció un poco al entrar en lo que llamamos los “eternodías” ahora nos tocaba pensar en que hacer durante 8 horas, primero intentamos ducharnos, cosa que no pudo ser por falta de agua caliente, tras eso Chuti cogió la guitarra y nos bajamos a la cafetería donde entre cafetitos, cerveza y alguna copa, se sucedían las peticiones de temas de extremo, purpple, ajierro, etc… pero el momento estelar lo puso Carlos que se marcó un blues que nos dejó con la boca abierta a todos. Así pasamos la primera parte de la tarde, hasta las 7 hora de la cena con sopa, albóndigas, flan y poco más.

   Tras la cena, nos volvimos a enganchar a la guitarra en la habitación, hasta que la capataza nos dio su toquecito de atención, y nos desterró a una ermita situada enfrente del refugio que parecía la entrada a las minas de Moria. Allí permanecimos un buen rato cantando y pensando en la ruta del día siguiente que se debatía entre acercarnos a un glaciar o hacer el camino al paso de Francia opción que al final salió vencedora.

Después de un rato volvimos al refugio a charlar un poco para luego acostarnos sobre las 22:30 siendo los últimos como siempre. Subimos y empezamos nuestro ritual, el olor a autan, las charlas del lado femenino, los ronquidos del masculino, las subidas a las literas que parecían un tres mil, los tapones de papel higiénico, y todas esas cosillas que hacemos todos antes de acostarnos.

   El lunes nos levantamos igual de temprano, sobre las 6 y además había que aprovechar el día ya que la ruta al paso de Francia era bastante larga, a eso de las 7:30 iniciamos el camino de bajada de la Renclusa hacia la Besurta, una vez allí nos dirigimos hacia el paso, un sendero denominado camino del portillón de Benasque en zig-zag, bastante prolongado debido a que el desnivel a superar era bastante grande. Tras acabar el zig-zag, tomamos un camino que se dirigía hacia los picos de la tuca de la mina y el pico de salvaguardia, este era un camino sencillo que transcurría entre pequeños ibones llamados de villamuerta, y que nos llevaba hasta lo que eran las ruinas de una casa. Desde este punto el camino comenzaba a subir de nuevo con una gran pendiente hasta lo que realmente era el paso de Francia, lugar al que llegamos todos y que nos dejo un poco desilusionados al no poder ver absolutamente nada de Francia al estar totalmente cubierto de nubes; una pena porque la vista debía ser maravillosa. Después de admirar el paisaje que quedaba en el lado español a un lado el valle de Benasque y al otro el parque natural de Posets-Maladeta, el grupo se dividió en dos, por un lado Chuti, Lorena, Barke, Mamen, Carlos, y Mary decidieron bajar a las ruinas de la casa y por otro César, Mariano y yo decidimos subir al pico de salvaguardia a 2738 metros. El camino fue fácil, salvo por un paso en el que había que agarrarse a un cable de acero para no despeñarse colina abajo, una vez pasado esto la vereda se veía muy bien. Hicimos cumbre con un viento muy fuerte que vino bien para que las nubes no pasaran de Francia a España y nos complicaran la bajada. Una vez arriba nos tomamos toda serie de fotos, y estuvimos aprovechando para llamar a la gente ya que teníamos cobertura en muy pocos sitios. Tras estar un rato en la cumbre iniciamos la bajada con mucha precaución ya que el desplome era importante y en el camino de bajada tuvimos la suerte de que un buitre pasara a no mas de 15 metros por debajo de nosotros, pero no tuvimos tiempo de poder fotografiarlo, una pena. Bajamos a reunirnos con nuestros compañeros, que convertidos en domingueros nos esperaban con unos sándwich de paté con jamón que sabían a gloria. Tras estar un rato allí iniciamos el descenso nada más terminar de comer (como no), con la desilusión de no haber visto Francia pero encantados con los paisajes tan maravillosos que se veían desde lo alto. En el descenso nos quedamos atrás Cesar, Carlos y yo, haciendo fotos como casi siempre, y nos reunimos con el grupo en la Besurta donde el grupo volvió a dividirse, unos optamos por subir al refugio Chuti, Lorena, Carlos y yo y los otros cinco se fueron hacia Aigüalluts parte que me perdí y que me consta fue de lo más bonita y divertida.

[Recordatorio de los que fuimos a Aigualluts] Después de que nuestros compañeros decidieran regresar a la Renclusa para descansar, eran sobre las 15.00 cuando Mamen, Cesar, Bark, Mariano y Mary decidimos continuar nuestro recorrido hasta el Aigualluts porque todavía nos quedaban fuerzas. Aquella zona prometía ser un lujo para la vista y no estábamos dispuestos a perdérnoslo. Empezamos visitando el Ibón de Villamorta y de camino al segundo Ibón nos encontramos una familia que nos recomendó que nos ahorráramos la subida, con lo cual seguimos la andadura, que no era corta, por un sendero bastante concurrido y bien señalizado (Mariano como siempre a su bola, atrochando a diestro y siniestro). Nos paramos a fotografiarnos en una pequeña Cabaña de pernocta  y ante un paisaje verdísimo e impresionante nos estuvimos inmortalizando a nosotros mismos. Siguiendo la ruta encontrábamos algunas oquedades enormes del terreno, se ve que eran producidas por la gran cantidad de agua subterránea, incluso en algún momento hundían parte del camino y había que coger otros senderos para seguir. Así llegamos a una zona dónde el río se ocultaba bajo tierra y desaparecía, había que subir para ver la cascada, el salto y el recorrido del río por los llanos de Aigualluts, que a medida que ascendíamos nos iba dejando más absortos de lo impresionante y bonito que era. El agua saltaba por las piedras y nos salpicoteaba revoltosa y aunque estaba muy fría Mamen no pude resistirse y se quitó las botas para remojarse los pies. Hacía un sol espléndido, el paisaje era espectacular y nosotros estábamos en el paraíso, un Valle inmenso, tan verde, con aquellas montañas al fondo… la tentación era clara así que nos tiramos panza arriba disfrutando de aquel  entorno.

Cruzaba el río de aguas heladas alegremente un personaje que nos llamó la atención y con el que estuvimos charlando un rato, era Francés, venía de la Bretaña  por el paso Francés dónde nosotros habíamos estado esa misma mañana , nos contó que había dormido al lado de la Renclusa en una tienda de campaña que siempre llevaba a cuestas  y esa mañana se había “hecho“ el Aneto (allí lo de hacerse el Aneto  es como aquí el que va a Belén ) esa misma tarde se dirigía al Valle de Arán (Lérida) para hacerse otro 3000, llevaba meses caminando sólo y por la forma física y lo curtido que estaba dedujimos que se trababa de un aventurero empedernido, con él compartimos batallas y algún Kit-Kat ,la verdad es que ya nos iba haciendo falta un  tentempié  después de la andadura que llevábamos. Nos indicó para volver a la Renclusa y nos dispusimos a cruzar por aquellas aguas heladas, que no tenían apenas medio metro de profundidad, pero fueron una odisea para nosotros que no estamos acostumbrados a esas temperaturas. Mariano y Mamen fueron los primeros, mientras César y Bark buscaban un paso más somero y cómodo para pasar Mary se lanzó por el mismo sitio por dónde habían pasado el Francés, Mariano y Mamen, el resultado fue que se quedó atascada en medio del río, el agua le llegó a la altura de los pantalones que empezaron a desenrollarse y a pesar tanto que le impedían avanzar, transcurrían los segundo y paralizada en aquella situación, las piernas empezaban a coger una temperatura polar y Mariano como siempre al rescate de damiselas en apuros le lanzó su típica vara partía con la que por fin lograron sacarla. César y Bark pasaron por un sitio más cómodo, cosa que no impidió que la definiera como la peor experiencia de su vida (Bark es alérgico al agua fría) pero lo peor estaba por venir. Después de reírnos de nosotros mismos e intercambiar pantalones, ya que los de Mary quedaron totalmente mojados y César tuvo que quedarse en bañador para prestarle su famoso pantalón “rosa palo”. Nos dirigimos a la Renclusa y a ver quien daba con ella, porque la verdad sea dicha nos perdimos y aunque Mariano se empeñaba en atrochar aquello parecía que no llegábamos nunca, el cansancio iba haciendo mella en todos y a las 18:00 estábamos bastante agotados, pero había que seguir subiendo y subiendo, cada montículo parecía ser el último , pero no, los collados se sucedían interminablemente, cuando por fin llegamos a divisar el refugio, nos dimos cuenta que había una bajada bastante pronunciada y no sabíamos por dónde cogerla, menos Mariano que cuando nos dimos cuenta ya había bajado, Bark intentó bajar por el mismo sitio que él, mu’ flamenco ,pero después de resbalar varios metros sujetándose no se sabe dónde, perdió la confianza en sí mismo y los últimos metros fueron interminables hasta llegar a Mariano. Mary que estaba intentando bajar por el mismo sitio desistió ante la experiencia poco grata de Bark y decidió bajar por dónde estaban César y Mamen, o sea intentando el descenso  por unas piedras cercanas, que la verdad, tampoco inspiraban mucha confianza, al fin conseguimos llegar al refugio, lo que nos alegró bastante, llevábamos tantas horas fuera .Fue la primera vez que tuvimos hambre a la hora de la cena.[Fin de Aigualluts]

Una vez en el refugio, todos conseguimos ducharnos con agua caliente al fin, algo que agradecimos porque aquello empezaba a oler mal y nunca mejor dicho. Después nos sentamos a charlar sobre temas cotidianos que  era nuestra forma de pasar el tiempo en aquellas tardes interminables. Esa noche dormiríamos todos en la misma habitación ya que nos habían encasquetado como 30 niños en las  habitaciones contiguas, pero antes degustamos otra cena que esta vez resultó ser la misma del primer día con la pasta con orégano, salchichas, sopa pero esta vez con natillas de chocolate. Tras la cena colocamos las mochilas para la bajada del día siguiente, saldamos cuentas que costó un huevo ya que pagamos varias pardilladas que mejor no contar…. Y nos subimos a dormir, bueno mejor dicho a charlar. Fue un rato bonito, hablamos, César se inventaba historias, Chuti hacía el cristo entre dos literas, y algunos tratábamos de imitarles ante la insistencia de las chicas que nos pedían hacer el “ángel sin alas” cosa que no conseguimos. Tras este buen rato nos acostamos y fue la única noche que sólo tuvimos que aguantar los ronquidos del compañero, cosa que se agradece de verdad.

   A la mañana siguiente tras desayunar iniciamos el camino de bajada a la Besurta, algunos tenían bastante cargadas las piernas y rodillas porque las rutas iban castigándolas poco a poco, pero todos bajábamos a buen ritmo y pronto llegamos a la Besurta donde esperamos el autobús que nos llevaría hasta los coches. Una vez allí todos nos afanamos en descargar las mochilas lo máximo posible ya que nos esperaba una subida más larga y por lo que nos decían más dura que la primera que hicimos y esta vez no queríamos que nos cogiera desprevenidos. Una vez descargado todo, nos acercamos a Benasque y Eriste donde cogimos toda clase de información sobre el refugio al que íbamos. Y aquí empieza la segunda parte del viaje.

   Tuvimos que subir en coche por un camino bastante malo, hasta llegar a un descampado donde podíamos dejarlos y subir andando. Aquí volvimos a montar el chiringuito para comer ya que era bastante tarde para las horas a las que estábamos acostumbrados. Una vez que comimos iniciamos la ruta mochila al hombro sin apenas 5 minutos de reposo, con lo cual la subida se hacía mas cuesta arriba aún. Nada más empezar a andar nos encontramos con una cascada increíble denominada de las Espanticosa y que se llevó su sesión de fotos correspondiente. Tras cruzar un puente iniciamos la subida por un camino plagado de árboles que nos daban mucha sombra, cosa que se agradecía bastante, el paisaje era precioso y poco a poco íbamos entrando en calor, aunque la gente andaba un poco cascada del día anterior con la ruta tan larga que hicimos, era nuestro cuarto día y las piernas empezaban a pesar. A todos menos a Chuti que hizo el recorrido de 1’15’’ en tan sólo 50’, más tarde llegarían Mariano, Mamen, Carlos, y al final César que iba tocado, Mary, Lorena, Bark y yo. El último tramo de esta subida nos costó bastante a todos, de hecho su nombre lo dice todo “rompechulos”. Una vez allí tras darnos una habitación con literas corridas y dos cuartos de baño, lo primero que hicimos tras colocarnos fue darnos una ducha bien caliente ya que en este refugio sí parecía que el tema ducha funcionaba bien. Después bajamos a la cafetería  donde hicimos tiempo hasta la cena conociendo gente, entre ellos a una pareja mayor de Zaragoza, Víctor y Loli que nos contaron sus subidas a  tres miles y diciéndonos la ruta que iban hacer al día siguiente, mientras nosotros decidimos llegar hasta una serie de lagos cerca del pico que iban a subir ellos. Así pasamos la tarde hablando con unos y otros, leyendo revistas, viendo mapas, hasta la hora de la cena que siendo a las 8 ya nos parecía hasta tarde; aquí la cena consistía en sopa, pasta, carne y flan, creo… Después de cenar continuamos charlando con los nuevos amigos que hicimos, hasta eso de las 10:30 un poco más tarde que en el otro refugio cosa que agradecimos. Sobre esa hora subimos a dormir y como no habíamos puesto nuestros sacos, nos encontramos con la sorpresa de que no estábamos colocados como nos hubiera gustado, y la mayoría acabamos durmiendo en un lado, teniendo por compañero a un desconocido que tan pronto roncaba como se movía mucho, y así pasamos la noche sin que hubiera mucho ruido salvo un rato que Mariano con su arreo, cortó de manera casi instantánea.

    A las 6:30 estábamos arriba para tomar el desayuno a eso de las 7, a base de zumo, leche, tostadas, galletas, etc…El día amaneció bastante malo, y nadie en el refugio daba el primer paso para iniciar la marcha, todos esperábamos a que abriera un poco, algo que empezó a ocurrir a eso de las 8:30, entonces decidimos iniciar la marcha como toda la gente.

   El camino que cogíamos era el mismo que llevaba hasta el Posets, pero nosotros deberíamos desviarnos hacia una cabaña que había en mitad de una ladera, se trataba de un camino bastante pedregoso aunque estaba bien indicado y en poco tiempo alcanzamos el desvío hacia la cabaña. Tuvimos que atravesar un arroyo que venía con bastante agua y nos dio algún que otro quebradero de cabeza. Continuamos a buen ritmo llegando a la cabaña en poco tiempo, una cabaña de piedra con techo de Uralita en la que por los escritos de dentro hacían noche o pasaba mucha gente, entre ellos Mary que se encargó de dejar constancia de nuestro paso marcando la puerta. Tras un descanso reanudamos la marcha hacia los ibones, el camino no era demasiado difícil y conseguimos llegar al primer ibón en unas tres horas desde que salimos del refugio. Una vez en el ibón nos detuvimos para hacer muchas fotos de toda clase y a todo el mundo, algunos desaparecieron dándonos algún que otro susto como César, Mary o Lorena por nombrar tres al azar, y tras las sesiones de búsqueda y fotografía nos pusimos a comer.

   Tras el descanso nos estuvimos moviendo entre los ibones donde nos encontramos con unas paredes muy buenas para hacer trepadas, y César, Mariano, Mary y yo nos enganchamos como salamanquesas mientras Carlos echaba alguna foto. Eran trepadas sencillas de no más de 4 metros y con muchos agarres, pero con las botas de montaña era complicado apoyarse en las piernas y había que tirar mucho de brazos, lo que hacía que se cargaran demasiado. En este punto Chuti, Lorena, Mamen, se habían vuelto hacia el refugio y Carlos no tardó en hacerlo debido a que su rodilla comenzaba a decir basta. Aquí los que quedábamos decidimos ir a hacer cumbre a un pico que se veía enfrente de nosotros de 2821 metros, iniciamos el camino siempre guiados por Mariano que como no, se dedicaba a atrochar collados. El caso es que el inicio fue algo duro, no cogimos ninguna vereda y los pasos no eran de lo más seguro que digamos, pero tras una media hora fuimos a dar a un sendero más o menos indicado que nos llevaría al collado de la Plana, desde donde atacaríamos la cumbre, pero antes nos dio tiempo a que Mariano se entretuviera con una rana que cogió en una charca y los demás repusiéramos fuerzas en un arroyo, cogiendo agua que íbamos bien escasos. Aquí Mary y Barke decidieron esperarnos sin llegar a subir a la cima, y nosotros tres después de descargarnos un poco nos dirigimos hacia el collado, y en poco más de 15 minutos estábamos en el ibón de la Plana, desde donde decidimos acortar el camino de la cresta  y comenzamos a subir por una ladera con piedra suelta que no nos daba demasiada seguridad. Una vez pasado este tramo nos encontramos con una cresta de roca de unos 6 metros de ancha por la que teníamos que ir saltando las piedra, las cuales tenían buen agarre pero siempre sabiendo que a ambos lados había caídas de 200 metros y en este caso por un lado bastante más. En poco tiempo conseguimos alcanzar la cima los tres, y allí permanecimos durante un rato echándonos las fotos de rigor, y pasando bastante frío porque corría un aire bastante fuerte. Desde lo alto teníamos una vista increíble, con el Posets y el Bardamina de frente y toda una serie de ibones debajo nuestro, incluido el ibón del Posets o negro, eso por un lado, y por el otro pudimos ver una manada de sarrios a la cual vimos desplazarse con gran velocidad entre los neveros que había, como si nada.

   Tras un rato contemplando todo esto, iniciamos el descenso hasta encontrarnos con Barke y Mary y ya todos juntos descendimos hasta el ibón de Eriste desde donde cogimos el camino de vuelta al refugio, aunque esta vez nos equivocamos y fuimos por un camino unos metros por debajo del de la mañana y eso nos hizo encontrarnos con una cascada preciosa y también que pasáramos algún trozo de piedra mojada que nos gustó mas bien poco, todo para poder subir hasta el camino inicial que era más cómodo y menos peligros. Al llegar a la cabaña nos detuvimos un rato a descansar y cuando íbamos a  salir nos paramos a esperar a nuestros amigos zaragozanos que volvían de subir al Bardamina y que como nosotros, también había vuelto por el camino de abajo, y tuvieron que subir al de arriba aunque las explicaciones que intentamos darles de lejos no sirvieran de mucho.

   Una vez todos en la cabaña nos volvimos juntos, ellos y Mariano con un paso más ligero que el de los demás pero juntos. Llegamos hasta el arroyo de por la mañana, donde debido al calor del día era mucho más difícil de cruzar porque traía muchísima más agua, pero al final conseguimos cruzarlo e iniciar la bajada al refugio, porque desde este punto todo era bajada, que cada vez se hacían más penosas debido a los cinco días que ya empezaban a notarse en las rodillas. Tras una buena pateada llegamos al refugio, donde nos esperaban nuestros compañeros que a parte de asearse y descansar y seguir haciendo amigos, habían iniciado las primeras rondas de cerveza. Después de ducharnos nosotros, bajamos a la cena que la teníamos bien merecida.

   Tras cenar estuvimos tomando unas copitas de ron que habíamos subido y preparando la excursión del día siguiente cuya intención no era otra que la de subir algún 3000, nosotros nos inclinábamos por la Forqueta 3009, y en el refugio nos recomendaban el Pavots en torno a 3100, al final cogimos el primero entre otras cosas porque Víctor y Loli lo iban hacer y decidimos mandar a Mariano con ellos para que se sintiera más a gusto con alguien con más ritmo que nosotros y luego saldríamos nosotros a nuestro ritmo y si podíamos intentar subir detrás de ellos fenomenal. Al final al grupo de cabeza se unió  Chuti, y por otro lado quedamos los demás, salvo César que muy a su pesar tenía que ir de bajada para ir a Barcelona, pero tiró hacia abajo con una pareja que también conocimos en el refugio con lo cual se le haría más amena.. Tras nuestras charlas subimos a acostarnos y aquí empezó la peor noche que he pasado en los pirineos, nada mas acostarnos Chuti se marcó un solo de…ronquidos tremendo, mas tarde para ir cogiendo ritmo enfrente acompañó otro en plan Eric Clapton, pero por si fuera poco el dúo, debajo se les unió otro tío más, allí no había quien durmiera entre ronquido a tres bandas, gente arreando, la ventana que se abría, Mariano que se cagaba en to lo que está escrito, yo desquiciado, ni para arriba, ni para abajo, ni de lado, ni con tapones de papel en los oídos, era imposible. Al final no se como pude quedarme dormido un par de horas, desde luego fue la peor noche que yo recuerde.

   A eso de las 6 ya andábamos dando vueltas y preparándonos para el desayuno y la nueva ruta. Al terminar el desayuno Mariano, Víctor y Loli y Chuti iniciaron su marcha y a los 30’ después de despedirnos de César salimos nosotros, en principio partimos todos pero a los pocos metros Carlos se tuvo que dar la vuelta porque su rodilla ya no respondía, y nosotros poco a poco fuimos ganando terreno a la ladera. Teníamos que hacer el mismo recorrido que el día anterior pero esta vez tendríamos que coger el desvío que se dirigía hacia el Posets en lugar de ir hacia la cabaña. La verdad es que el ritmo que llevábamos era bastante tranquilo, como no parecía una ruta larga decidimos ir con calma y disfrutar del paisaje ya que teníamos que seguir el curso del arroyo hasta su desagüe que empezaba en el ibón de la Llardaneta. Había muchos neveros y cuando tuvimos que cruzar el arroyo nos quedamos sorprendidos de cómo en las zonas de sombra de las rocas estaba todo el agua helada, formando figuras curiosas e incluso pequeñas estalactitas. Un poco mas arriba nos encontramos con Chuti que venía bajando porque tenía un dolor de cabeza bastante gordo el cual no sabemos si atribuir al cansancio o en parte a la resaca de las cervecitas y el pacharán del refugio. Después de dudar sobre el camino a tomar, las cuales nos resolvió un chico que iba camino del Posets fuimos a parar al ibón de la Llardaneta quedándonos impresionados; primero por el tamaño ya que era el más grande que habíamos visto y segundo porque había partes del lago que todavía estaban congeladas, eran como pequeños iceberg flotando de un lado a otro. Tras hacernos varias fotos y observar que Mariano, Víctor y Loli habían subido al pico y nos hacían señas desde lo alto iniciamos de nuevo la marcha bordeando el lago, pero antes Lorena se encargó del nuevo acto vandálico del grupo, lanzar una piedra a uno de los témpanos de hielo de la orilla para hacerle un agujero. Como decía iniciamos el camino hacia el collado de Eriste, última subida de unos 200 metros con un desnivel muy elevado y con una pendiente final muy inclinada y peligrosa ya que todo era tierra suelta y te podías resbalar fácilmente, esta era la parte más dura que nos quedaba por subir antes de intentar subir al pico de la Forqueta, ya que el collado estaba situado a 2890 metros. Conseguimos llegar al collado unos mejor que otros, ya que Mary pasó un mal rato en un paso que la puso un poco nerviosa, pero conseguimos llegar y allí nos esperaba Víctor, Loli y el incansable Mariano que estaba como una rosa. Tras despedirnos de los maños, iniciamos la subida a la Forqueta, a nosotros se unieron tres chicos de Madrid que habían llegado al collado a la vez, pero la que se lanzó de cabeza fue Mamen que iba saltando como una gacela de roca en roca  por la cresta que teníamos que subir. Se trataba de una cresta de roca con muchos agarres tanto de manos como de pies, y bastante ancha, aunque había tramos en los que se estrechaba y dejaba ver unas caídas importantes a ambos lados, era sencilla pero cualquier mal paso te podía dar un disgusto, porque era pasar de 3000 a 2700 metros que estaba la parada en el ibón de abajo.

   A mitad de camino Mamen iba que se las pelaba, pero Lorena, Mary y Barke dijeron que no seguían, yo en mi afán porque la mayoría pisáramos un tres mil insistí pudiendo convencer a Barke  lo cual animó a Lorena y Mary y poco a poco, paso a paso Mamen primero y después nosotros cuatro, conseguimos hacer cima en nuestro primer 3000, estábamos bastante contentos y en la cima había bastante gente. A parte de nosotros estaban los chicos de Madrid y tres hombres que llegaron poquito después. Desde arriba había unas vistas magníficas a los dos lados del pico. Después de la parafernalia de rigor incluido el maquillarme la cara, comenzamos la bajada, Mamen bajaba más rápido aún de lo que había subido, mientras que el resto nos lo tomamos con más calma e iniciamos el descenso poco a poco, íbamos tranquilos pero Mary tuvo un pequeño bloqueo de coco y entre Barke, Lorena y yo tuvimos que echarle una mano y ayudarla a bajar con paciencia. Al final conseguimos llegar todos sanos y salvos al collado donde nos quedamos comiendo y recuperando fuerzas para la bajada. Comenzamos la bajada todos juntos, unos por la vereda de tierra y  piedra y otros pegados a las rocas, y al llegar al final Mamen y yo nos tiramos por un nevero como si fuésemos esquiando, nos lo pasamos genial y se nos dio bastante bien para ser la primera vez que lo hacíamos. Una vez abajo nos dedicamos a disfrutar del paisaje alrededor del ibón de la Llardaneta, teniendo la suerte de encontrarnos con un grupo de rebecos que estaban bebiendo en el lago y que no se asustaron demasiado, llegando Barkero a estar a poco más de 30 metros echándoles fotos de primer plano. El resto de la bajada fue normal echando las últimas fotos y disfrutando de todo lo que nos rodeaba hasta que llegamos al refugio donde nos esperaban Carlos y Chuti que habían pasado lo que si debió ser un eterno día. Allí nos dimos nuestra merecida ducha y disfrutamos de la cena y una botellita de pacharán contándoles a nuestros compañeros las peripecias por los tres miles que no fueron pocas. Tras el rato de charla nos fuimos a dormir sin que esta noche los ronquidos fuesen ningún problema, gracias a dios. Nos levantamos temprano, desayunamos y nos dispusimos a bajar, pero esta vez esta subida que se nos hizo eterna el primer día nos sorprendió revelándose como una ruta que sin estar hechos polvo resultaba ser de una preciosidad increíble, y no paramos de sorprendernos hasta la llegada a los coches como si fuera el primer día que íbamos, cuando ya llevábamos siete días allí. Una vez en los coches iniciamos la bajada y nos dirigimos hacia Huesca…..pero esta es otra historia.

  

 

   P.D: Gracia a dios todos volvimos sanos y salvos que se suele decir y eso es lo importante al fin y al cabo, a cada uno esta experiencia le habrá aportado algo, ya sea sólo el disfrute de la naturaleza o simplemente ponerse en forma, o como en mi caso hacer numerosos amigos con los que poder compartir muchos buenos ratos, el caso es que espero haya servido para aportar cosas nuevas. Y no me gustaría despedirme sin nombrar a Jorge uno de los primeros impulsores de esta aventura y que no pudo venir, espero que en la próxima venga con todas y que nos acompañe el pequeño Daniel que ya está entre nosotros. Un fuerte abrazo a todos.

 

   P.D. 2: Un minuto de silencio por las BOTAS DE BARQUERO por favor.