Sección Montañismo y escalada / Orientación
 

   
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 Rutas "Sección Montañismo y escalada / Orientación"

 

PINTURAS RUPESTRES. Enero 2005


El sábado por la noche, decidimos hacer algo, lo que sea, para la mañana siguiente. La propuesta fue conjunta y directa al grano: había que ver algunas pinturas para aprender un poco sobre el asunto, de la mano de nuestro cercano descubridor, socio y amigo Jose Enrique. Así que, como hacía tanto que no nos reuníamos para algo así, decidimos visitar un nuevo “abrigo” situado en la Sierra de las Vacas que él, por descontado, ya conocía.

No tuvimos que ajustarnos demasiado a la hora ya que con el coche podíamos llegar hasta la base del lugar donde se localizaban, con lo que pudimos acortar considerablemente la caminata, que al cabo supuso nada más que un paseo bajo un sol de invierno que calentaba como uno de primavera.
El ascenso entre olivos pri
mero y entre jaras de dos metros de altura más tarde, fue fácil y ameno ya que al poco de iniciarlo encontramos despegando desde el “farallón” que había a nuestra izquierda, un par de águilas reales (una adulta y otra de aproximadamente un tercer calendario de edad) que pronto nos sobrevolaban girando térmicas con la consiguiente ganancia de altura que les beneficiaría la transposición a la otra cara de la sierra. Los prismáticos nos acercaban a ellas de forma inmediata y silenciosa, sin intimidarlas tanto que tuvieran que romper su careo en el vacío. Ya debajo y cerca, gracias a ellos, pudimos observar las manchas blancas en la parte inferior de las alas, con fuerte contraste en la más joven y algo más difusas en la mayor.
Sólo unos minutos más nos separaron de la cornisa que albergaba las trazas de óxido de hierro y que rápidamente
(algunos con más dificultad que otros) conseguimos identificar y “sólo” decenas de miles de años nos separaron de sus “inspirados” autores que, seguro, no imaginaban la trascendencia de su acto . La sencillez del dibujo no restaba expectación al observarlos, precisamente por ese motivo: antropomorfos, ancoriformes, soles y algunas rayas cruzadas a modo de calendario constituyen la mayoría de las formas que pudimos fotografiar. Las pinturas estaban en dos niveles de altura diferentes pero fue en el segundo nivel donde encontramos la mayoría y, al entender de casi todos, las más interesantes.

     

     

     

El tiempo pasaba despacio y mientras lo hacía, conversábamos y nos fotografiábamos en ese contexto milenario desde donde podíamos oir el eco que las paredes de piedra nos devolvían ya ingeligible, si les gritábamos. La realidad de la hora nos obligó a volver, dejando allí esas pequeñas obras de arte y esperando que pudieran instruir a futuros visitantes dentro de otros miles de años. (foto pinturas 8 y Valle Cueva 2)
A la vuelta, sólo había que dejarse rodar entre jaras otra vez hasta los olivares y mientras tanto, nos hablaba Jose Enrique de otros materiales con los que “los artistas de entonces” conseguían otros colores para sus pinturas (óxido de magnesio para el negro y caolín para el blanco), así como de los métodos con que tallaban la piedra para obtener herramientas... Fácil.